“Me dejarás dormir al amanecer, entre tus piernas, entre tus piernas, sabrás ocultarte bien y desparecer entre la niebla, entre la niebla…”
Soda Stereo con Andrea Echeverri-La ciudad de la Furia
Camino lentamente en la habitación, me quito las sandalias y pongo sobre el piso frío mis pies, me deshago de mi abrigo y me dejo caer sobre la cama, estoy cansada, harta, necesito perderme un instante dejar de sentir tanta pesadez, tanta sed terrestre, necesito dejar de ser palpable, quiero estar contigo, dejarme llevar por ti. Perderme esta noche.
Te llamo de una de las tantas formas que aprendí durante todo este tiempo, te llamo con dedos temblorosos, con el alma hambrienta de tu esencia, te llamo y me respondes, como siempre, cálida, dispuesta, exacta y precisa… respondes y te dejo entrar en mí, poco a poco, lentamente abandonándome al delirio que me empieza a sofocar.
Siento tu vibrar dentro de mí acariciando lentamente mi piel, tu retumbar sigiloso, tu armonía plena envolviéndome en una burbuja pegajosa e irreal, me das a beber de tu droga intangible, de esa droga que se esparce por entre el viento, que da retahíla a mis sueños más quiméricos, que me afloja las ataduras, con una nota de bemoles, con un sol que no resplandece pero que igual arde e ilumina mis noches noctambulas. Voces se entremezclan, voces ajenas a la mía, que siento tan familiares, acompañadas de acordes estrepitosos y sensuales, de ritmos avasalladores que se pierden en la inmensidad de lo absoluto, ahora estás más dentro de mí, más pegada a mi cuerpo, traviesa susurras mil fantasías exóticas en mis oídos, la piel se me eriza y siento un cálido fuego abrasar mi interior, me estas poseyendo, me haces tuya con un solo toque de metales, con un solo solfeo de vientos, con solamente unos minutos de notas que se adhieren húmedas y fragantes a mi corteza cerebral, una a una tatuándose, impregnándose de ese misticismo propio de tu hechizo.
Un coro de ángeles demoníacos murmura pecados con sabor a plegarias, un varón sin rostro pero con garganta hecha dedos palpa dentro de mí, se escurre entre mis memorias, juguetea con mi sentir y ensalza mis sueños convertidos en perversiones inocentes. Una hembra aparece en escena haciendo eco en mis oídos con su voz líquida, con el melodioso tono de su boca, mientras me vende a precios de risa imágenes de un pasado que no es mío, me ofrece recuerdos ajenos usurpados para ser de mí propiedad.
He caído irremediablemente en un precipicio sin fondo, sin más forma que la de pentagramas flexibles con olor a humo y perfume, que sostienen memorias ideáticas, que guardan perezosos un arrullo mágico e insondable. De pronto se rompe la continuidad mística de este embrujo para darle paso a otro más, mi respiración se agita y tranquiliza en un ritmo demente, calma, deliro, calma delirio…Saboreo cada movimiento tuyo, cada vibrato, cada color de voces, me deleito hasta el hartazgo, sobre mi cara se dibuja una sonrisa enorme y satisfecha. Describes con cada una de tus formas, paisajes, caras que no conozco pero sí recuerdo, describes sentimientos ocultos en mí, rencor, odio, amor, esperanza, pasión y locura, los detallas minuto a minuto, segundo a segundo, sin dejar nada fuera, ni un ápice. Y entonces siento como nos vamos acercando al final al desenlace orgásmico de este frenesí musical de este réquiem fantasioso de tu melodía, me siento elevar por entre los aires y con un riff de guitarras, un solo de bajos y unas voces en susurros, extasiarme hasta la locura de placer y gozo, mientras con tus últimas gotas de voz y sonido me empapas hasta el fondo de mi alma sin dejar espacio para nada más que tú.
“Un hombre alado que extraña la tierra…”
Caigo de nuevo a la realidad, pesada, terrestre, tangible como antes, la burbuja pegajosa se rompe y las notas se despegan de mi piel, afuera la lluvia cae y se impacta sobre los cristales de mi ventana, se escucha un toc toc en mi puerta.
- Bájale a esa música está muy fuerte niña loca…
Sonrío con malicia, no le bajo, tan solo conecto los audífonos a la computadora, me siento frente a ella con la cabeza apoyada sobre la mesa, me los pongo y de nuevo comenzamos el viaje, de nuevo tu y yo, contigo mi música.

Jejeje buen texto :), me gustó.
ResponderEliminarYo que tú le subía más o me iba a vivir solo :P